viernes, 25 de enero de 2013

Debilidades mentales, Parte II: Juzgar con muy poco juicio



En la primera parte discutimos sobre algunas debilidades mentales que tenemos y que nos hacen ver lo que no está ahí y llegar a conclusiones erróneas. En esta segunda y última entrada, veremos algunas otras predisposiciones de nuestros cerebros que nos hacen caer en errores pequeños, grandes y mayúsculos.

EL EFECTO FORER

¿Les ha pasado que, aunque no crean en horóscopos y todo eso, uno que otro parece atinar justamente a sus personalidades? A mí me ha pasado. Y me ha sucedido no sólo con el horóscopo occidental, sino con el chino, y el chino debe ser mejor porque, como todo mundo sabe, lo occidental es del diablo. Y si los horóscopos atinan tan bien a cómo soy ahora, de seguro atinarán a a lo que me va a pasar en el futuro, o a lo que debo hacer para que me vaya bien, ¿no?


Pos no, lamento arruinarles la fiesta pero no. Antes de explicarles cómo chambea la cosa les voy a contar un ejercicio que usaba en clases con mis alumnos de lógica. Les repartí unos tests tipo revista de quinceañeros, sólo que éste era un "Test de personalidad de la cultura pop", y les eché el choro de que "científicos bla, bla, bla, dándose cuenta de la importancia de la cultura pop en nuestras vidas, habían diseñado un test que podía definir su personalidad con base en su preferencias sobre cultura pop". Así, el test les preguntaba sobre su superhéroe favorito, su película favorita, su género de música, etcétera, etcétera. 

Para hacerlo más creíble, les puse el test un día, me llevé las pruebas mi casa, y hasta les entregué sus resultados en un sobre sellado al día siguiente. Como era de esperarse, la mayoría de mis alumnos consideraron que sus resultados describían su personalidad de una forma "muy acertada" o "totalmente acertada". En realidad, todos los sobres tenían un papel con el mismo resultado:

Tienes la necesidad de gustarle a otras personas y de que te admiren, y con todo tiendes a criticarte. Aunque tienes algunas debilidades de personalidad generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una considerable capacidad que no has usado en tu beneficio. Disciplinado y autocontrolado en el exterior, tiendes a ser aprensivo e inseguro interiormente. A veces tienes serias dudas en si hiciste lo correcto o tomaste la decisión acertada. Prefieres cierta cantidad de cambios y variedad y llegas a decepcionarte cuando estás cercado por restriccciones y limitaciones. Te autoufanas también de ser un pensador independiente, y no aceptas las afirmaciones de otros sin pruebas satisfactorias. Pero has encontrado desaconsejable ser demasiado franco en darte a conocer a otros. A veces eres extrovertido, afable, y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, cauto, y reservado. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser más bien irreales.

¿Ya lo leyeron? ¿Se sientieron identificados también? Felicidades, acaban de ser víctimas del Efecto Forer. Verán, la descripción anterior es lo suficientemente ambigua como para que casi cualquier persona que no esté completamente desquiciada puede sentirse identificada. Esto fue descubierto por el psicólogo B.R. Forer (de ahí el nombre, ¿ven?): tendemos a aceptar descripciones vagas y generales como excepcionalmente aplicables a nosotros mismos. 

Los horóscopos y otras formas de adivinación se basan en este principio para apantallar a los incautos. No sólo lo hacen con la descripción de la personalidad, sino con las adivinanzas sobre el futuro; nos dicen las cosas más vagas y generales, que podrían aplicarse a las vidas de casi cualquier tipo de personas: harás un viaje, conocerás a una persona, tendrás una pelea, habrá un gran cambio en tu vida... (o sobre el futuro en general: este año habrá un desastre natural, se desatará una guerra, morirá alguien famoso, habrá sorpresas en los premios Oscar...).



Además, muchos psíquicos, espiritistas, charlatanes y otras especies de embaucadores son hábiles para algo llamado "lectura en frío". Es decir, no son unos completos zoquetes, sino personas muy perspicaces, capaces de adivinar datos generales de las personas basándose en observaciones minuciosas de su apariencia y su comportamiento: edad, género, forma de vestir, lenguaje corporal, habla, rasgos que puedan delatar la presencia de enfermedades, etcétera; todo eso puede ser usado por un buen farsante en tu contra.

El estafador podría iniciar con observaciones obvias (si es una muchacha joven, en edad de contraer matrimonio, quizá le diga que "veo una boda en su futuro"; si ella no se casa, sin duda estará yendo a bodas, porque se encuentra en la edad en que otros conocidos sí lo hacen), o demasiado vagas como aplicarse a cualquiera, y la víctima le responderá y especificará, dándole, sin percatarse, toda la información que necesita el tramposo:

"Detecto la presencia de alguien cuyo nombre empieza con M..."
"Oh, sí. Mi primo Memo..."
"¡Exacto! Memo dice que..."

Nuestro ya conocido sesgo de confirmación se encarga del resto: cuando alguna de esas descripciones se aplica a nosotros (sobre todo si coincide con lo que deseamos pensar de nosotros mismos) la tomamos como válida; cuando alguna de esas predicciones sobre el futuro ocurre, nos llama la atención y tendemos a recordarla. Las descripciones que no consideramos válidas y las predicciones que no se cumplen, simplemente las tiramos a la papelera de reciclaje del olvido.


EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR

Quizá hayan leído el famoso cuento de Hans Christian Andersen El traje nuevo del emperador, o por lo menos conocerán la anécdota de esta singular fábula. Para que refresquen su memoria, aquí está un resumen:

El emperador de cierto país era amante de los trajes de gala, y en cierta ocasión un par de pillos se presentaron ofreciendo hacerle un traje como ningún otro. El emperador les dio cantidades absurdas de oro, y los farsantes presentaron un traje hecho de... ¡nada! No había traje alguno, pero los bribones decían que lo que pasaba es que el traje era demasiado fino, y que sólo las personas inteligentes podían verlo. Entonces todos decían que el traje era magnífico, una maravilla, y el emperador salió a desfilar con su nueva gala. Y el pueblo exclamaba admirado de la belleza del nuevo traje, hasta que un inocente niño gritó "¡El emperador va desnudo!". La gente se dio cuenta de que ésta era la verdad, y empezó a repetir el grito y a burlarse del emperador. Pero él, con su comitiva, decidió seguir el desfile sin prestar oído a las voces que decían la verdad: ¡estaba desnudo!



Creo que la moraleja de la historia salta a la vista: los seres humanos solemos seguir las opiniones de los demás o de las personas a quienes percibimos como autoridad, para no sentirnos fuera de lugar, incluso si muy dentro de nosotros sabemos que la verdad es otra.

Permítanme platicarles acerca del Efecto Fox. No tiene nada que ver con ese presidente analfabeta que tuvimos, sino con el Dr. Fox, quien en la década de los 70 dio una conferencia titulada "Mathematical Theory if Games and its Application in the Training of Doctors", frente a 55 personas, todas las cuales opinaron que lo que habían escuchado era muy claro y estimulante. Nadie se cuenta de que la plática era un montón de galimatías sin sentido impartido por un actor experto. 

Así es: el Dr. Fox no era un actor y no sabía más de teoría matemática que usted o yo, pero sí sabía muy bien imprimirle a sus palabras el aire de confianza y autoridad que se necesitaba. No importaba lo que el Dr. Fox estuviera diciendo, parecía que lo expresaba como todo un experto en el tema.

Los que llevaron a cabo este experimento formularon la hipótesis del Efecto Fox, según la cual un texto (escuchado o escrito) que carezca por completo de sentido, será tomado como legítimo si proviene de una figura que se considera una autoridad y usa un vocabulario que parezca ser profundo y erudito. Seguro que ustedes conocen toda clase de faroles que son incapaces de expresar las ideas más mundanas sin llenarlas de palabras domingueras, y a otro montón de faroles que los admiran.



Ahora, el Efecto Fox no es un fenómeno psicológico plenamente identificado, como lo es Efecto Forer o la Pareidolia, pues no se han hecho (que yo tenga datos), más estudios al respecto, pero si recuerdan mi entrada sobre el postmodernismo y la filosofía de la ciencia, les vendrá a la memoria la curiosa jugarreta que le hizo el Alan Sokal a los editores de la revista Social Text.

La revista postmoderna Social Text preparó un número especial titulado Science Wars en el que distinguidos intelectuales deconstructivistas, postmodernistas y relativistas epistémicos dirigirían sus cañones en contra de las posturas "derechosas" y "cientistas" de Gross y Levitt, quienes habían criticado duramente al postmodernismo en la filosofía de las ciencias.

Respondiendo a la convocatoria, el físico Alan Sokal envió un texto titulado Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutic of Quantum Gravity (algo así como "Trasgrediendo los límites: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica"). En él, Sokal apoyaba la postura relativista, citaba a los más ilustres intelectuales postmodernos, y mencionaba los descubrimientos científicos más desconcertantes (como la teoría del caos o la mecánica cuántica), que confirman la postura postmodernista. A los editores de la revista les encantó el texto: ¡un científico que ni más ni menos apoyaba el postmodernismo! Por supuesto, lo publicaron.

Cuando salió la revista, Sokal hizo una tremenda revelación: el artículo era una farsa, una parodia de los textos de intelectuales postmodernistas, construida con citas fuera de contexto, palabrería de relleno, falsa erudición y un montón de párrafos que no significaba absolutamente nada. Sokal se divirtió mucho y la revista Social Text fue públicamente humillada. Ahora incluso se ha diseñado un "Generador de textos postmernistas", que forma breves ensayos tomando al azar frases y citas de una base de datos, imitando la insensatez pretenciosa y pomposa, no sólo del postmodernismo, sino de muchos textos académicos.  



Pero eso no es todo. En las últimas décadas las neurociencias se han aplicado al estudio del arte  para saber cómo es que los seres humanos lo creamos y recibimos. Uno de los hallazgos más interesantes es que muchas personas reaccionan diferente ante una obra de arte si se les dice que fue elaborada por un artista de renombre. No es que las personas finjan que les parece mejor la obra de un artista reconocido, sino que su cerebro responde de manera distinta, porque el prestigio del autor lo hace esperar una mejor obra, y nuestra mente tiende a ver lo que espera ver.

En esta debilidad mental está el origen de la falacia ad verecundiam, que consiste en juzgar las ideas y argumentos no en sí mismos, ni en su validez lógica, sino por las fuentes de donde provienen. Pero más allá de las faroleces de posers y arribistas, esta tendencia nuestra de seguir al líder y al rebaño nos puede llevar a cosas peores...


  EL EXPERIMENTO DE MILGRAM

Supongamos que respondes a un anuncio que pide voluntarios para un experimento universitario. Llegas al laboratorio de psicología, donde encuentras a otro voluntario y a un investigador científico, el cual les explica que se trata de un experimento sobre memorización. Uno de ustedes tratará de aprenderse una secuencia de palabras, mientras el otro castigará con electrochoques al primero si comete algún error. Un sorteo rápido te otorga el papel del aplicador de castigos.

El experimento inicia. El otro voluntario comienza a cometer errores. Le aplicas electrochoques. Por cada error debes aumentar la potencia. 15 voltios... 30 voltios... 45 voltios... 120 voltios... Escuchas gritar al otro voluntario. Lo ves sufrir. Empieza a pedir que se detenga el experimento. Te suplica. Miras ansioso al investigador. El hombre de la bata blanca sólo dice "continúa", "el experimento requiere que continúes", "es absolutamente necesario que prosigas", "no tienes opciones: debes seguir adelante". ¿Hasta dónde llegarás para obedecer lo que dice la autoridad?



La buena noticia es que éste no era un experimento sobre memorización, sino sobre la obediencia a figuras de autoridad, y que el otro voluntario era sólo un actor que estaba fingiendo recibir los electrochoques, así que nadie fue lastimado. La mala noticia es que este estudio arrojó unos datos que no hablan muy bien de la raza humana: el 63% de los conejillos de indias continuaron con el experimento hasta llegar al límite de los 450 voltios; prefirieron hacer sufrir a otra persona antes que desobedecer a la autoridad. Después de todo, debieron pensar muchos, si el señor de la bata blanca me lo está ordenando, debe ser por algo.

Este famoso estudio llevado a cabo en la Universidad de Yale en la década de los 60 por el psicólogo Stanley Milgram, nos deja una lección muy valiosa: tendemos a obedecer a las figuras de autoridad, incluso si por dentro pensamos que lo que nos dicen o nos piden es injusto o irracional. Eso nos hace recordar a los soldados nazis que perpretaron toda clase de crímenes y la justificación que daban: "sólo cumplíamos órdenes". Como no hay razones para pensar que el pueblo alemán fuera particularmente malvado por naturaleza, es de pensar que todos los seres humanos podemos descender a ese nivel, y si la sumisión a la autoridad nos lleva a electrocutar a un inocente, o ejecutar sistemáticamente a un grupo de personas, ¿qué seremos capaces de hacer o creer?



No debe extrañarnos entonces que haya tantos casos de gente que sigue acríticamente, incluso ciegamente a sus líderes, a individuos que son percibidos por ellos como figuras de autoridad, dignas de admiración e imitación, y no toleren que se cuestione o se critique lo que esos ídolos dicen o hacen, así sean fantoches políticos o jerarcas religiosos, ídolos pop o dirigentes de un culto, así sean el Peje o el Papa, Justin Bieber o Charles Manson.

En esta debilidad mental está el origen de la falacia conocida como "argumento de autoridad" o Magister dixit, que consiste en tomar como válido cualquier argumento, dicho, frase o idea que provenga de alguien a quien se le considera una figura de autoridad.

En conclusión, hay que pensar antes de creer u obedecer lo que nos digan, siempre preguntarnos si lo que se nos dice o se nos pide está justificado, si es razonable, si es ético, incluso si nos viene de una figura a la que respetamos como autoridad.


EL EXPERIMENTO DE ASCH

Una vez más, has aceptado formar parte de un experimento. Entras a una habitación en la que hay varias sillas en una fila, y ocupas la de hasta el fondo. Poco a poco, las demás sillas se van llenando con otros voluntarios. Cuando están todos reunidos un investigador les muestra dos tarjetas. En la primera aparece una línea de unos 15 centímetros de largo (calculado a ojo de buen cubero); en la segunda tarjeta hay tres líneas, de 10, 15 y 20 centímetros respectivamente. Entonces el investigador les pregunta cuál de las líneas en la segunda tarjeta es la que corresponde a la línea en la primera.

"Es fácil", piensas, "la línea de en medio". Pero de pronto los otros voluntarios empiezan a contestar. Todos eligen la misma respuesta... una que es diferente a la tuya. Cuando llega tu turno estás bastante confundido, ¿qué respondes?

Desde luego, esto también se trata de un experimento, y los otros "voluntarios" son sólo cómplices. Pero de nuevo, los resultados son poco alentadores. Más de un tercio de los sujetos adoptaron las opiniones del conjunto en la mayoría de las ocasiones, mientras que el 75% modificó su respuesta por lo menos una vez.



¿Qué aprendemos de esto? Que tenemos la tendencia a modificar nuestras opiniones y formas de pensar y de actuar con base en la presión de las mayorías. Así, no es extraño que muchas personas sigan al rebaño, a las masas, que opinen o actúen como los demás, incluso si se trata de situaciones irracionales o inconvenientes para individuos y conjuntos. Éste es el origen de lo que en lógica se conoce como ad populum: si todo el mundo lo dice, debe ser verdad; si todo el mundo lo hace, entonces está bien. ¿Cuántas veces se ha justificado una conducta perjudicial para individuos, sociedad o medio ambiente bajo la máxima "es que todo el mundo lo hace", como si ésta fuera razón suficiente? 

¿Por qué nos pasan estas cosas? ¿Por qué nos da por seguir como bobos al rebaño y al pastor? Resulta que los seres humanos somos primates, y como primates somos animales sociales y jerárquicos. No es muy saludable llevarle la contraria a la manada, arriesgándose a la exclusión o a una linchamiento. Si ves que la manada empieza a correr para un lado, no querrás dirigirte al lado contrario, pues puede haber un depredador. Y tampoco querrás llevarle la contraria al macho alfa, a menos que tengas la fuerza suficiente como para molerlo a golpes y ponerte como macho alfa (o hembra alfa; en los primates se da eso también) antes de que te mate a ti.



Por fortuna, si bien somos animales primates, también somos más que animales primates. Quizá biológicamente somos casi idénticos a nuestros ancestros del paleolítico, pero culturalmente somos muy distintos, y eso es porque tenemos una gran capacidad de aprender, comprender e inventar, de forma que podemos crear instituciones sociales y modificar nuestra conducta. Somos animales que comen, cagan y sienten apetito sexual, pero no le robamos la comida a quien sea en cuanto nos da hambre, ni cagamos donde nos agarra la necesidad, ni violamos a todo aquél que nos parece apetitoso.

De la misma manera, tenemos una capacidad de raciocinio que nos permite superar las debilidades mentales que nos aprisionarían si nos rindiéramos dócilmente a nuestra naturaleza de monitos. 

¡Ojo! Que Magister dixit y ad populum sean falacias no quiere decir que siempre que una autoridad diga algo esto sea erróneo, o que siempre que una mayoría opine algo, esto sea necesariamente la opción equivocada. Ante la imposibilidad de comprobar por nosotros mismos todas las cosas, es bastante sensato confiar en algunas autoridades (por ejemplo, en la recomendación de un médico o en la opinión experta de un profesional). Lo que hay que entender es que la autoridad de quien lo dice muchas veces no es suficiente, y que si entra en conflicto con  las evidencias o con la lógica, se puede y se debe cuestionar. 

Lo mismo sucede con el caso de las mayorías. Es sensato confiar en diez testigos que describen un mismo acontecimiento, pero si estos testimonios se contradicen con las evidencias sólidas o análisis rigurosos, los clamores de las mayorías deben ser puestos en duda. No se trata de descartar a priori, sino de analizar y razonar cada situación.

A veces son nuestras propias creencias las que están en contraposición con las evidencias o incluso entre sí. Es por eso que hay una debilidad mental más que vale la pena conocer.


LA DISONANCIA COGNITIVA

Ya habíamos visto el sesgo de confirmación, y esta debilidad mental está muy emparentada con aquél. Se presenta la disonancia cognitiva en nosotros cuando sostenemos dos creencias que son mutuamente contradictorias, o cuando nuestras convicciones son contradichas por nuestro comportamiento. Entonces podemos sentir vergüenza, culpa, ansiedad, frustración o ira. Para superar este malestar, podemos reaccionar de diversas maneras.

En nuestro breve curso de lógica vimos que existe algo llamado principio de no contradicción, según el cual dos premisas opuestas no pueden ser verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido; una o ambas deben ser falsas. Bien ésa es la conclusión a la que deberíamos llegar cuando nos topamos con que dos ideas que sostenemos son mutuamente excluyentes. Por desgracia, muchísimas veces no somos así de racionales.



Por ejemplo, según la creencia en el Karma, el universo recompensa las buenas acciones y castiga las malas. Por otro lado, según la creencia en la Ley de la Atracción, los pensamientos y sentimientos de una persona pueden materializarse en le realidad, por lo que si una persona se concentra en lo que desea, lo conseguirá; pero si concentra en sus temores y pensamientos negativos, éstos se harán realidad. Por un tercer lado, se encuentra la creencia cristiana (sobre todo católica) de que Dios no recompensa las buenas acciones en esta vida, sino en la próxima, por lo cual en este mundo tendremos que soportar el sufrimiento para llegar a la gloria en el siguiente.

Estas tres ideas son mutuamente excluyentes: o somos recompensados en esta vida, o lo somos en la vida siguiente, u obtenemos aquello en lo que pensamos, lo merezcamos o no. No obstante, esto no impide a muchísimas personas sostener al mismo tiempo las tres creencias. 

Ya que estamos en esto, abriré un paréntesis para mencionar que estas tres creencias son, por cierto, manifestaciones de otra debilidad mental, la "hipótesis del mundo justo", la tendencia a creer que todas las acciones humanas serán compensadas o castigadas según corresponde, gracias a una fuerza divina, un orden cósmico o un sistema social inherentemente justo. Esta falacia no sólo incluye creencias esotéricas como el karma o la Ley de la Atracción, sino a supuestos como que "todos los ricos son ricos porque se lo han ganado" y que "los pobres son pobres porque lo merecen". Es una forma de sentirnos seguros, confiando en que tarde o temprano todo estará bien y que no debemos preocuparnos mucho porque las cosas son como deben ser (además de atribuirle al Universo una cualidad exclusivamente humana: la justicia) cuando en realidad  vivimos en un mundo caótico, desordenado e imprevisible.



¿Cómo le hacen las personas para sostener ideas contradictorias? Buscan reducir la disonancia, ya sea ignorando la contradicción o inventando nuevas ideas que sirvan para conciliar unas con las otras. Todo lo cual lleva a violar el principio de no contradicción (o a ser hipócritas).

Un ejemplo clásico de este fenómeno fue estudiado en la década de 1950 por Leon Festinger, el mismo psicólogo social que describió la disonancia cognitiva. Se trató de una secta apocalíptica que adoraba a los ovnis y que predecía (como muchas otras, antes y después) el fin del mundo, del cual sólo los fieles se salvarían porque una nave espacial llegaría a su rescate. Cuando el fin del mundo no ocurrió, los miembros de la secta se vieron ante una contradicción entre la más firme de sus creencias ("se va a acabar el mundo y una nave vendrá por nosotros") y la realidad ("el mundo no se acabó y no vino la nave"). ¿Cómo le hicieron? Su líder, recibió un "mensaje telepático" de los extraterrestres, anunciando que el fin del mundo se había cancelado gracias a las acciones de los fieles. Qué conveniente. 

Y como ése, hay muchos otros ejemplos más cotidianos...

¿Quieres tener una larga y saludable vida, pero al mismo tiempo te gusta fumar? Puedes reducir la disonancia diciéndote que no es probable que tú te enfermes, o que de todos modos te vas a morir de algo, o simplemente no pensando mucho en el asunto.

¿Estabas esperando que algo pasara el 21 de diciembre del 2012, pero no pasó ni madres? No te preocupes, puedes decir que sí pasó algo, alguna cosa imperceptible e incomprobable, como un "cambio de energías positivas", o alguna cosa de ese tipo.

¿El dogma dice que Jesús no tuvo hermanos y que María siempre fue virgen, pero la Biblia menciona a los hermanos de Jesús, hijos de María? No importa, agregamos una nota al pie, explicando que por "hermanos", quiso decir "primos", hijos de una prima de María que casualmente se llamaba igual.

¿Estás a favor de la equidad de géneros, pero eres una creyente muy fiel y la Biblia dice que la mujer debe someterse al hombre, como el hombre a Dios? No le hace, puedes ignorar esa partecita insignificante.

¿Formas parte de un grupo juvenil activista pro-democracia, pero también te parecen a toda madre dictaduras en otros lugares del mundo siempre y cuando sean de izquierda? Lo puedes racionalizar diciendo que es diferente, porque el dictador lleva a cabo las acciones que el pueblo necesita, luchan contra el imperialismo y así por el estilo...

¿Te la pasas despotricando contra los tiranos socialistas porque estás a favor de la democracia, pero los dictadores de derecha te parecen muy bien? Puedes racionalizarlo diciendo que es mejor que esos autócratas mantengan el orden, porque si no estuvieran ellos, habría caos e inestabilidad, y así por el estilo...

¿Temes al crimen organizado y a la violencia, pero no puedes dejar de comprar tu mota porque eres un pachecote? Puedes reducir la disonancia diciéndote que es tu derecho drogarte si quieres, que tus acciones no van a hacer la diferencia, o simplemente no pensando mucho en el asunto.



El escritor George Orwell, en su obra Mil Novecientos Ochenta y Cuatro, llamó doblepensar a este fenómeno, con la diferencia de que el que doblepiensa está tan cómodo, que no se le presentan incómodas disonancias. Mediante el doblepensar el gobierno totalitario de esa novela mantenía a su población bajo control mental.

¡Ojo! Esto no significa que no puedan existir verdaderas excepciones o casos especiales, en los que podamos decir con razón "por lo general opinaría esto o actuaría de esta manera, pero ésta se trata de una situación particular, por las siguientes razones..." o "dada la graveda del asunto, creo que podemos hacer una excepción, por las siguientes razones". 

Por otra parte, a veces conocimientos aparentemente contradictorios han sido realmente conciliados por nuevos descubrimientos (como sucedió con la evolución darwinista y la genética mendeliana cuando se desarrolló la síntesis evolutiva moderna). Dependerá de nuestra capacidad de raciocinio descubrir cuándo se trata de casos legítimos y cuándo se trata de simples justificaciones para reducir nuestras disonancias cognitivas.

Entonces, recapitulando:

  • Tendemos a aceptar como válidas descripciones de nosotros o nuestras vidas, aunque sean vagas y generales, sobre todo si se ajustan a lo que nos gusta pensar de nosotros mismos.
  • Tendemos a juzgar las ideas, argumentos, acciones y obras no en sí mismas, sino con base en el prestigio de la fuente de donde provienen.
  • Tendemos a creer las palabras y a obedecer las órdenes de aquéllos a quienes consideramos figuras de autoridad.
  • Tendemos a modificar nuestras opiniones y nuestra conducta para conformarnos al grupo al que pertenecemos o queremos pertenecer.
  • Cuando sostenemos dos ideas que son contradictorias entre sí, o llevamos a cabo acciones que se contradicen con nuestras convicciones, tendemos a tratar de reducir esa disonancia mediante diversas formas de justificación, muchas veces irracionales.
Sería una tarea titánica hacer una revisión completa de todas las debilidades mentales que nos dificultan razonar correctamente. Espero, sin embargo, que al conocer éstas, que son algunas de las principales y más comunes, muchas de nuestras dificultades puedan ser superadas.




Principales fuentes consultadas para la realización de estas dos entradas:

Libros:


Vídeo: 

The Enemies of Reason, documental presentado por Richard Dawkins

Internet:

jueves, 17 de enero de 2013

Debilidades mentales, Parte I: Ver lo que no está ahí



Nosotros, los seres humanos, nos vanagloriamos de ser el único animal racional, el pináculo de la evolución, los seres más perfectos de la creación y yada, yada, yada. Claro, teniendo en cuenta de dónde venimos, el hecho de que seamos capaces de prodigios del pensamiento como el descubrimiento de leyes físicas o la creación de grandes obras literarias es como para maravillarse todos los días de la vida y agradecer a la evolución o a Dios o al Monstruo Spaghetti Volador, dependiendo de lo que crean ustedes, de no ser una piedra sin consciencia, o un animal de basto intelecto, o un reguetonero cualquiera.

Eso, sin embargo, no quiere decir que seamos infalibles o que hayamos alcanzado la perfección en cualquier sentido. Nuestro cerebro nos hace víctimas de muchas equivocaciones, ilusiones y auto-engaños. No es para menos; somos, a fin de cuentas, animalitos, extraordinarios si se quiere, pero animalitos al fin y al cabo, cuya inteligencia evolucionó para adapatarse y sobrevivir, no para saberlo y comprenderlo todo.

No obstante, tenemos la capacidad hasta de darnos cuenta de nuestras limitaciones, para aprender a superarlas, o por lo menos a rodearlas. En este par de entradas les hablaré de algunas de las debilidades mentales que nos hacen proclives a errores de todo tipo, desde pequeñas confusiones,  pasando por actitudes necias y hasta llegar grandes sistemas de pensamiento irracional, como las supersticiones, las pseudociencias o las teorías de la conspiración.

Estrictamente hablando, éste no es un tema de lógica, sino que pertenece a las ciencias de la mente, pero como el propósito de la lógica es razonar de manera correcta y ésas debilidades son algunos de los factores que nos impiden hacerlo, de todos modos voy a etiquetar estas entradas como Breve lección de lógica. Dicho esto, comencemos:

PAREIDOLIA

Todos de pequeños jugamos a encontrar formas en las nubes, a verlas transformarse de un animal en un barco y luego en un dragón o así por el estilo. Quizá en clases, mientras el profe estaba con su bla, bla, bla, te quedaste mirando hacia el techo descubriendo formas en las irregularidades de su superficie. A mí en particular me gustaba descubrir formas en las vetas de la madera, en especia de las enormes puertas del clóset de mis papás.

¿Por qué hacemos esto? Bien, pues resulta que nosotros, los seres humanos, tenemos la capacidad de identificar patrones. La tenemos tan desarrollada que sentimos un placer inmenso cuando descubrimos algún patrón. El problema es que también eso nos predispone para identifica patrones donde sólo hay estímulos vagos y aleatorios. Lo que es más, nuestra mente no busca por default cualquier patrón, sino un patrón que resulte por lo menos un poco familiar, que signifique algo para nosotros. A este fenómeno psicológico se le conoce como pareidolia Y entonces nos suceden cosas como ésta:



La famosa Cara de Marte, fotografía tomada por la sonda Viking en 1972, es una de las imágenes favoritas de los ufólogos y proponentes de la teoría de "antiguos astronautas". Después de todo, en esa fotografía se puede ver claramente un rostro humano o semihumano, ¿no es cierto? Y sólo una civilización avanzada podría haber construido esa cara en la roca marciana. Digo, nadie se creería que Monte Rushmore las líneas de Nazca son productos de fenómenos naturales, ¿verdad? Pero lo que rara vez suelen compartir las publicaciones y sitios de Internet que tratan este tema es otra fotografía tomada por una sonda posterior, el Mars Global Surveyor, en 2001:




Ésa es otra fotografía de la misma área que la anterior, y aquí no vemos cara alguna, sino sólo formaciones geológicas. ¿Qué nos pasó con la primera imagen? Una enorme y simpática concidencia: el ángulo en el que la sonda tomó la fotografía y la luz de esa hora del día nos hicieron una jugarreta y nuestra mente se encargó del resto: reconoció un patrón conocido para nosotros (en este caso, un rostro humano) donde no había tal. Estas cosas nos suceden todo el tiempo.

Por ejemplo, no es raro que Jesús o la Virgen suelan aparecerse en manchas de moho o en las vetas de la madera o cosas por el estilo. Cualquier cosa que parezca un hombre barbado será entendida como Jesús, y cualquier cosa que parezca una figura con una túnica será entendida como la Virgen. Entonces la gente religiosa atribuye estos fenómenos a milagros divinos, les prenden veladoras y les rezan sus oraciones.



Es chistoso cómo cuando las manchas y vetas muestran cualquier otra forma (animales, por ejemplo), la gente no tiene problemas para aceptar que son sólo curiosidades producto de la casualidad. Pero si se trata de algo que tiene un significado sagrado para ellos, lo considerarán un mensaje divino. En el Cañón del Sumidero, en Chiapas, hay una gran variedad de simpáticas esculturas hechas por el goteo de millones de años sobre las rocas (en especial me acuerdo de un caballito de mar). Pero sólo a la que, por casualidad, tiene la forma de una Virge de Guadalupe, se le adora como si fuera un milagro.

Desde luego, esto sucede así porque las personas reconocen patrones que tienen algún significado para ellas. Vemos lo que queremos ver, y nuestros conocimientos y creencias influyen en nuestras percepciones. Si estas manchas aparecieran en lugares en los que no hay cristianos a la vista, seguramente pasarían desapercibidas, o serían entendidas de otra forma. Por ejemplo, quizá ustedes hayan oído hablar del famoso Astronauta de Palenque, la lápida del Rey Pakal:




¡Hey, pero de verdad parece un astronauta! Sí, y esa nube que veo en la ventana de verdad parece un dinosaurio, y la forma rocosa en marte parecía de verdad una cara. Pero no lo son. Éste es un caso similar, con la diferencia de que aquí no hay formas vagas o aleatorias, sino verdaderas imágenes con un significado y una intención que son interpretadas a partir de un sistema de significados ajeno a la cultura que elaboró la obra en cuestión.

¿Qué es lo que sucede? El arte maya tiene una serie de símbolos y significados que son desconocidos para la mayoría de las personas. Nuestros cerebros, propios de occidentales en el siglo XXI, entonces tratan de interpretar esas imágenes con base en nuestros conocimientos e imágenes familiares a nosotros. La simbología maya nos es desconocida, pero no así la imaginería de cohetes y misiones espaciales, y entonces vemos astronautas donde no los hay (por eso mismo los que hablan del "astronauta" no son los arqueólogos que se han dedicado a estudiar y comprender los símbolos mayas, sino loquitos de Internet que no saben nada de nada).

No solamente entre creyentes religiosos y fans de los ovnis se dan estos tropezones. ¿Quién no ha visto al famoso hombre de Camels? Se trata de una figura masculina que aparece configurada entre el pelaje del camello icónico de la marca de cigarros. Una figura que presume de una potente erección. Sin duda se trata de un mensaje subliminal para que... nos masturbemos, supongo. La costumbre es atribuirle a estas curiosas formas las oscuras intenciones de publicistas que quieren lavarnos el cerebro. En realidad, es sólo otro caso de nuestro cerebro reconociendo un patrón donde no lo hay. Nada más.



Esto no nos pasa solamente con patrones visuales, sino también con patrones auditivos. Seguramente han escuchado alguna canción en otro idioma, uno que ustedes no hablen con fluidez y hayan pensado "parece que dice esto en español". Como esa canción brasileña que está de moda ahora, y cuyo estribillo pareciera decir en español "¿Quién quiere leche, quién quiere leche, quién, quién, quién?" Lo que pasa es que nuestro cerebro trata de entender el patrón auditivo y, al no lograrlo, lo interpreta con los significados que nos parecerían más familiares. Si las personas supieran eso, quizá dejarían de estar buscando milagros y mensajes subliminales donde sólo hay curiosas coincidencias.




LA RAÍZ DE LA SUPERSTICIÓN

¡Hombre, pero la cosa no para ahí! Resulta que además estamos diseñados para reconocer patrones más complejos que sólo imágenes y sonidos: relaciones de causa y efecto. Notamos que en ocasiones algún sucesos es seguidos por algún otro en particular, y entonces asumimos que el primer suceso es causa del segundo.

Por ejemplo, un estudiante usa cierto lápiz en tres exámenes seguidos, y resulta que en esos tres exámenes le va muy bien. Quizá piense entonces que ése es el lápiz de la suerte. O un apostador podría tener una muy buena racha cuando lleva puesta su corbata azul con bolitas amarillas, y entonces asumir que la corbata azul de bolitas amarillas le trae buena suerte. Entonces quizá ahí se encuentra la raíz de la superstición, y ciertamente de un par de falacias.

Por un lado, la falacia conocida como post hoc, ergo procter hoc ("después de, luego debido a"): pensar que porque B ocurre después de A, entonces A es la causa de B (como tomar chochitos,  después aliviarse de un catarro, y luego asumir que los chochitos aliviaron el catarro). Por otro, la generalización precipitada (madre del prejuicio), que consiste en tomar experiencias con ciertas situaciones o individuos y las generalizamos hacia la totalidad de las situaciones o individuos de la especie (como conocer a un par chilangos mamones y asumir por ello que todos los chilangos son mamones).

Resulta que no solamente nosotros estamos en esta situación. La capacidad de reconocer e identificar patrones ha evolucionado, si bien de manera rudimentaria, en muchos otros animales: es una capacidad clave para la supervivencia. Y aunque nuestras capacidades cognitivas están más refinadas que las de nuestros hermanos del mundo animal, distan mucho de ser infalibles. Pero dejaré que Richard Dawkins hable por mí (no son ni tres minutos, no sean huevones):



Entonces, como vemos, ha evolucionado en nosotros una muy eficiente capacidad para detectar patrones, pero esa misma capacidad nos puede traicionar. ¿Cómo evitar caer víctimas de esta debilidad? Es aquí donde entra la lógica como una herramienta desarrollada a lo largo de siglos. El razonamiento inductivo nos puede ayudar a descubrir si en efecto existen relaciones causales o de algún otro tipo entre dos o más fenómenos. Para saber más sobre el razonamiento inductivo, cómo funciona y sus limitaciones, ver la tercera lección de mi curso de lógica práctica.


EL SESGO DE CONFIRMACIÓN

Ya vimos cómo una experiencia que involucra dos fenómenos (la corbata azul con bolitas, o los chilangos mamones) nos puede llevar a identificar relaciones de causa y efecto donde no las hay, o a generalizaciones precipitadas. Uno pensaría que bastarán otras experiencias que demuestren lo contrario para que una persona abandonara esa creencia errónea (como tener una mala racha usando su corbata azul con bolitas o conocer a dos que tres chilangos buena onda). ¡Pero no! La mente humana es más complicada (y obstinada).

Resulta que los seres humanos sufrimos de algo llamado sesgo de confirmación. Sencillamente, se puede definir como la tendencia a favorecer la información que confirma nuestras propias creencias o hipótesis. Esto nos sucede todo el tiempo en todos los ámbitos de nuestra vida (religión, política, relaciones familiares) y el efecto es más fuerte en temas en los que las personas se ven emocionalmente involucradas: si tenemos una idea, aceptaremos preferentemente la información que confirme nuestra idea, e ignoraremos o minimizaremos la información que la contradiga. Nos aferramos a nuestras creencias, y si algo las contradice, lo bloqueamos.



Por ejemplo, el señor que confía plenamente en su corbata azul con bolitas, tenderá a ignorar las veces en las que la misma no le funcionó, y en cambio recordará todas aquellas veces en las que sí le dio resultados. Recordará aquellas veces y dirá "pero si a mí siempre me ha funcionado".

Casos similares ocurren con la medicina no científica. Seguramente hemos escuchado muchos casos en los a alguien le sirvió tal o cual remedio milagroso. Como por lo general estos pseudomedicamentos son inocuos y se usan en enfermedades que de todos modos se habrían curado solas (un catarro, una irritación del estómago), el paciente entusiasta de estos remedios se dejará llevar por su tendencia a descubrir patrones donde no los hay y caerá en un post hoc, ergo procter hoc: me alivié después de tomar mis chochitos, luego me alivié porque tomé mis chochitos.

Después, ya sólo escuchará los casos de personas que, como él, se aliviaron de un mal o de otro, ignorando los demás casos en los que los chochitos no dieron resultado alguno. Ahora, si recuerdan su lección de lógica, para decir que existe una relación causal necesaria entre un fenómeno y otro, es necesario demostrar que dadas las mismas circunstancias siempre se tendrán los mismos resultados. No podemos decir que Todo X es Y si existe algún X que no sea Y. Es decir, si hay casos en los que esa causa no tiene tal efecto, si hay casos en los que los chochitos o la corbata azul con bolitas no sirvieron para lo que se supone que servían, entonces no existe una verdadera relación causal entre una cosa y la otra. Recuerden que una excepción basta para hacer que la premisa Todo X es Y sea falsa.

Y así como el sesgo de confirmación fortalece nuestras creencias sobre patrones y relaciones de causa y efecto, también fortalece nuestras generalizaciones precipitadas: ¿No les ha pasado que lavan su auto y justamente ese día llueve? ¿No les ha pasado que están teniendo una conversación importante por celular y justamente en ese momento se acaba la pila? Y entonces se encuentran diciendo cosas como "siempre que lavo mi coche llueve" o "siempre que estoy teniendo una conversación importante se me acaba la pila". La verdad no siempre es así, pero como las veces en que sí ocurre son muy molestas, nos acordamos más de ellas que de las demás.



O tratándose de cualquier tema, muchas veces las personas tenderán a escoger las fuentes de información que confirmen sus opiniones, sin importar que dichas fuentes sean dudosas, desconfiables o que estén utilizando argumentaciones burdas. Los extremistas ideológicos y religiosos, así como los creyentes en las teorías de la ufología y otras seudociencias, se refugian en sus submundos en los que sólo reciben información (des-información, las más de las veces), que confirman sus creencias, y dichas fuentes de información se alimentan unas a las otras, cerrándose a cualquier otra fuente exterior.

Estar en contacto con ideas diferentes o contrarias a las nuestras (no necesariamente para dejarnos convencer por ellas) a través de la lectura y el diálogo es muy útil para mantener la mente flexible y aprender a evitar el sesgo de confirmación.


ANUMERISMO

Las ciencias matemáticas son uno de los logros más impresionantes del desarrollo de la inteligencia humana, aunque la forma en la que la mayoría de los escolares sufren esta materia parecería indicar que no todos los seres humanos somos muy duchos para ellas. Lo cierto es que la mayoría de las personas chafeamos bien gacho con los números y no se nos dan bien.

A la falta de competencia matemática se le llama anumerismo, así como a la falta de competencia lectora y escritora se le llama analfabetismo. Y muchos seres humanos padecemos este defecto, incluso para temas matemáticos que ni siquiera son tan avanzados.



Quizá les ha sucedido que de pronto se pusieron a recordar una canción que no escuchaban desde hacía mucho tiempo y... ¡toma, ese mismo día la escuchas en la radio, incluso varias veces! O quizá estabas pensando en una persona y ¡sopas, en ese mismo momento te habla por teléfono de forma inesperada!

¿Qué podemos entender de esto? Quizá los seres humanos tenemos poderes psíquicos. Quizá mis pensamientos se transmitieron en forma de energía y se materializaron para hacer que la canción sonara en la radio o mi amigo me llamara. Quizá las energías que están a mi alrededor me trajeron inconscientemente la información de que esa canción sonaría o de que mi amigo me iba a llamar y por eso empecé a pensar en ellos... O quizá todo tiene una explicación mucho más terrena.

Nuestro anumerismo nos juega el primer truco sucio: el que suene una canción en la radio justo cuando estábamos pensando en ella, o que nos hable un amigo justo en el momento en que estábamos pensando en él, parece un suceso altamente improbable... y de hecho lo es. Pero resulta que habiendo tanta gente en el mundo, tanta gente pensando en otra gente, y tanta gente llamando a otra gente, es sólo cuestión de probabilidades para que le suceda a muchas personas cada día, y a una sola persona varias veces en su vida.

¿Creen que una persona podría adivinar qué lado de una moneda caerá tres veces seguidas? Quizá. ¿Qué tal 25 veces seguidas? Parece poco probable, ¿no? Pero imaginemos que tenemos un torneo por eliminatorias de lanzamiento de monedas. En cada encuentro hay dos jugadores, uno pide cara y el otro cruz, y el que le atine pasa a la siguiente ronda. A fuerzas, en cada encuentro alguien tiene que ganar, pues cada jugador elegirá una cara distinta y a fuerzas tiene que caer una de las dos.

Si empezamos con ocho competidores habrá tres rondas en total, lo que significa que alguien, a huevo, tendrá que adivinar la cara de la moneda tres veces seguidas. Pero si empezamos con un número lo suficientemente grande (33,554,432, para ser exactos) de competidores, habrá un total de 25 rondas, lo que significa que, a huevo, quien llegue al primer lugar habrá adivinado la cara de la moneda 25 veces seguidas. Eso también incluye a dos personas que la habrán adivinado 24 veces seguidas, a cuatro que la habrán adivinado 23, a ocho que la habrán adivinado 22... y así sucesivamente. En fin, ésta es sólo una ilustración para demostrar que cuando tenemos números lo suficientemente grandes, eventos que parecen improbables se vuelven comunes, y hasta inevitables.

En un torneo con cuatro rondas, el ganador habrá ganado necesariamente cuatro rondas seguidas. El mismo principio se aplicaría su hubiera 25, 50 ó 100 rondas.


Entonces, nuestro anumerismo nos hace creer que un evento bastante común es algo extraordinario. El segundo truco sucio nos lo juega nuestra tendencia a identificar patrones aunque no los haya. Así, al toparnos con que en ocasiones pensamos en una persona justo antes de que nos llame, asumimos que debe haber una relación entre el hecho de que pensamos en alguien y el hecho de que nos llame, y que esa relación debe ser que una es causa de la otra.

El truco sucio final nos lo juega nuestro sesgo de confirmación. Como el hecho de que un amigo nos llame justo cuando estábamos pensando en él es algo bastante notorio, tendemos a recordar todas las veces en las que pasó algo así, y mientras más veces sucede, más quedamos convencidos de que debe haber una relación entre una cosa o la otra (¡hasta llamamos a estos episodios "pruebas" de que así es!) y en cambio olvidamos o ignoramos todas aquellas veces en las que la persona en la que estábamos pensando no nos llamó, y todas esas otras veces en las que nos llamó alguien en quien no estábamos pensando.


SOBREATRIBUCIÓN DE LA AGENCIA Y LA INTENCIONALIDAD

Imaginen que hay dos homínidos en la sabana africana. Uno de ellos es muy tranquilo y confiado; el otro se mantiene alerta, quizá demasiado. Ambos escuchan un ruido tras unos arbustos; el primero lo ignora porque sabe que el viento siempre está haciendo ruido en los arbustos; el seguro se pone alerta, pues el primer pensamiento que le llega es que puede haber un depredador acechando. En otra ocasión, una noche oscura, se encuentran con una figura sinuosa en el suelo; el primero la ignora, suponiendo que se trata de una rama; el segundo se pone alerta, pues lo primero que le viene a la mente es que puede ser una víbora.

Ahora pensemos, ¿cuál de los dos tiene más probabilidades de sobrevivir? Si a lo largo de toda su vida, ambos se topan sólo con arbustos movidos por el viento y ramas tiradas en el piso, la extrema precaución de nuestro segundo homínido no le habrá servido de mucho, pero tampoco le habrá hecho daño. Pero con una sola vez que detrás del arbusto haya un león, con una sola vez que la figura sinuosa sea una serpiente, nuestro primer homínido estará perdido.



Desde luego, no podemos demostrar que fue de esta manera en que evolucionó nuestra predisposición a atribuir agencia e intencionalidad a los fenómeno que nos rodean. Pero de este escenario hipotético podemos extraer una valiosa lección: es más prudente asumir que detrás de un fenómeno que experimentamos hay un ser con intenciones específicas, a asumir que se trató de solamente de un asunto natural, quizá aleatorio, que sólo involucra a objetos inertes.

Sea ése o no el origen de nuestra predisposición, el caso es que es muy real. Bien podría ser que esta debilidad mental nuestra esté en parte detrás del origen del animismo y de las religiones: nuestros ancestros vieron los fenómenos naturales, la lluvia, el relámpago, las estaciones, las mareas y todo eso, y asumieron que detrás de ellos había alguien, un ser o seres que lo provocaban todo porque así querían hacerlo.

Claro, conforme fue avanzando nuestro conocimiento del mundo, fue quedando menos lugar para los agentes y las intenciones; sabemos cómo funcionan los fenómenos naturales, porqué ocurren lluvias y porqué hay diferentes estaciones. Sabemos que no dependen de la voluntad de ningún dios (y que, por lo tanto, no se puede negociar con ellos mediante rituales, sacrificios u oraciones). Sin embargo, muchísimas personas siguen atribuyendo agencia e intencionalidad a otros muchos fenómenos, especialmente cuando sus explicaciones naturales aún no nos son comprendidas del todo, o cuando son demasiado complejas como para que cualquier hijo de vecino pueda comprenderlas.



Entender cómo funciona la evolución, por ejemplo, es bastante complicado, requiere de unos buenos fundamentos de educación científica y un mínimo de conocimientos. Como la mayoría de las personas carece de una educación científica de calidad y no ha tenido acceso a ese mínimo de conocimientos, no puede comprender los fenómenos naturales que hay detrás de la evolución, así como las personas de la antigüedad no tenían los recursos para comprender cómo y porqué llovía. Y así como las personas de la antigüedad, los religiosos llenan ese vacío de conocimiento con una respuesta fácil, cómoda y a la que además estamos predispuestos: detrás de la gran diversidad de la vida tiene que haber un agente que la haya creado con la intención de hacerlo.

Pero esos agentes que tendemos a ver en todas partes no son solamente sobrenaturales. Los dioses pierden terreno, pero eso no quiere decir que nuestra predisposición a sobreatribuir agencia e intencionalidad esté menos presente, y sucesos de los que antes se responsabilizaba a las deidades ahora se le atribuyen a extraterrestres o a sociedades secretas muy poderosas.

La teoría de la conspiración nace también de esta predisposición nuestra. Si antes los terremotos eran atribuidos a la agencia e intencionalidad de los dioses, hoy no faltan quienes los atribuyan a la agencia e intencionalidad de los hombres, en específico de sociedades secretas que controlan a los gobiernos (como la creencia de que los Estados Unidos y el proyecto HAARP están detrás de los últimos grandes terremotos que han sacudido a diversos países del mundo).

Crisis económicas, epidemias, guerras, inestabilidad social, movimientos de protesta... los partidarios de la teoría de la conspiración no tienen los recursos intelectuales necesarios (conocimientos, capacidad de razonamiento lógico) para empezar a entender las multiplicidad de factores relacionados con estos fenómenos (factores sobre los que nadie en particular tiene el control), y entonces no les queda más que atribuirlo todo a un agente que mueve los hilos porque de algún modo eso le conviene.



Esto nos sucede no sólo con grandes explicaciones del mundo, sino con pequeños fenómenos de la vida cotidiana. Si escuchamos un ruido en casa durante la noche, o más aún, observamos por varios una serie de fenómenos como cosas que aparecen movidas del lugar en que las dejamos y ruidos inexplicables, muchos de nosotros atribuiremos su causa a alguien, un ser con voluntad e intenciones y la capacidad de actuar acorde a ellas (en especial, fantasmas). O sea, antes de pensar en las muchísimas otras explicaciones posibles, escogemos aquélla que involucra a un agente con intenciones.

Esto quizá tiene sentido. Recordemos a nuestros homínidos y traslademos su dilema al mundo contemporáneo: si escuchas un rasguño en tu ventana, ¿qué será más prudente? ¿Ignorarlo porque puede ser una rama movida por el viento o ponerte alerta por si se trata de un intruso?

Volvamos a nuestros ejemplos de la pareidolia. Ésta nos juega sucio al hacernos ver un hombre con un gran pene en el pelaje del camello. Y nuestra predisposición a encontrar culpables nos hace concluir apresuradamente que si el hombre penezudo está ahí es porque alguien quería que estuviera ahí, sin duda con una oscura intención. Entonces la pareidolia nos hace buscar "mensajes subliminales" en la publicidad, los medios de comunicación y las obras de arte o entretenimiento, y nuestra mentecilla loca se los atribuye a alguien que nos quiere manipular.



Incluso en ciertas expresiones se puede identificar nuestra tendencia como en atribuirle a la Historia (como hacen muchos izquierditas) o a la mano invisible del Mercado (como hacen los capitalistas) sabiduría o voluntad. Estamos cayendo en esa misma trampa del pensamiento: considerando una gran serie se fenómenos diversos como si fuera una sola fuerza a la que se le puede describir con cualidades propias solamente de los seres humanos.

Esto también incluye atribuir una intención que no está ahí a las acciones de las personas. A veces las acciones de las personas tienen consecuencias no planeadas. Por eso hay que recordar la máxima: "nunca atribuyas a una mala intención aquello que se pueda explicar por estupidez".



Entonces, recapitulando, nuestra mente nos hace vulnerables a lo siguiente:


  • Tendemos a ver patrones familiares en donde sólo hay estímulos vagos y aleatorios, o en donde hay símbolos (visuales o auditivos) que significan otra cosa totalmente distinta.
  • Tendemos a reconocer relaciones de causa y efecto donde sólo hay aleatoriedad.
  • Tendemos a preferir la información y las experiencias que confirman nuestras ideas y creencias, y a ignorar o minimizar aquéllas que las contradicen.
  • Tendemos a ignorar que muchas coincidencias aparentemente improbables en realidad son bastante comunes.
  • Tendemos a atribuir agencia e intencionalidad donde sólo hay eventos fortuitos o una inmensa suma de diversos factores sobre los que nadie en particular tiene el control.
Entonces, como ven, en realidad no somos tan listos. Pero somos lo suficientemente listos para darnos cuenta, lo cual es una buena noticia. En la próxima entrada, trataremos más de estas debilidades mentales. Espero que esta Información les haya interesado y sido útil. Hasta la próxima.

viernes, 11 de enero de 2013

Mapas de mundos que nunca existieron



Si alguna excentricidad comparto con Jorge Luis Borges y Bilbo Baggins es mi amor por los mapas. De verdad, los mapas me fascinan. Cuando era niño, y hasta en la adolescencia, me gustaba dibujar mis propios mapas de mundos extraterrestres, y les ponía nombres y fronteras a sus países y continentes. Mi juego de mesa favorito es Risk, y desde que lo conocí cuando era niño empecé a diseñar mis propios mapas para jugar en ellos. Aunque realmente la dinámica del juego es siempre la misma, me encanta que existan tantas versiones con mapas diferentes.

Pero sobre todo, me encantan los mapas antiguos, llenos de creencias erróneas y maravillosa imaginación, y los de mundos que nunca existieron, creaciones imaginativas de fecundos autores.  Hoy les quiero compartir ejemplos de lo segundo, una colección de mapas de mundos imaginarios. 

Muchos autores crean mundos imaginarios, pero pocas veces se llegan a sentir como mundos vivos, como universos que existen en algún lugar, lejano al nuestro, en el que las cosas que se narran suceden realmente. La creación de un mundo completo, con sus gentes, sus paisajes y hasta sus dioses, no es algo que cualquiera pueda hacer bien. Se necesita una imaginación prodigiosa, una gran capacidad de comprender el espacio geográfico y un compromiso personal con el mundo creado, para tratarlo como si fuera un mundo verdadero.

Hagamos ahora un recorrido por estos mundos que nunca existieron:


PELLUCIDAR

Mapa de la edición original de 1915 de Pellucidar


Aparece en 1914 en la novela At the Earth's Core, y en su secuela Pellucidar del año siguiente, ambas de Edgar Rice Burroughs, también autor de las aventuras de Tarzán y de John Carter. Burroughs era un autor con una imaginación inagotable para concebir situaciones muy diversas y extrañas, en mundos fantásticos y asombrosos.

Pelluciar se encuentra en el centro de la Tierra, que a partir de cierta profundidad, está hueca. Los habitantes de Pellucidar viven sobre una superficie cóncava, en el interior de la esfera terrestre, y en el centro de esa esfera flota en perfecto equilibrio una diminuta estrella que ilumina este mundo incesantemente, por lo que ahí no existe la noche. Como ven, Pellucidar cuenta con montañas, valles, mares e islas, cada zona con su propia gente, flora y fauna.

Un pequeño planeta orbita alrededor de dicha estrella, pero como su movimiento de traslación coincide con el de la rotación de la Tierra, desde el punto de vista de alguien en Pellucidar, el planeta se mantiene inmóvil, proyectando su sombra eternamente sobre la misma área. Es posible que dicho planeta tenga a su vez vida y habitantes.

Pellucidar está habitada por hombres primitivos, que viven en un equivalente a nuestra Edad de Piedra. Se dividen en diversos clanes y tribus. Existen también otras criaturas pensantes: tres razas de hombres-mono, unos con cola que construyen aldeas en los árboles, otros como mandriles que viven en las rocas y cultivan frutos, y otros como gorilas que se dedican a la guerra. Además, existe una raza antigua, los Mahar, descendientes de repitles voladores como los pterodáctilos, que tienen poderes telepáticos y habitan en ciudades al interior de las montañas y volcanes. Además de estas gentes, hay toda clase de bestias salvajes en Pellucidar, como tigres dientes de sable, mastodontes y gran reptiles, además de otros monstruos prehistóricos.

Años después de la dupla de novelas originales aparecieron otras que expandieron el universo de Pellucidar. A continuación les dejo un mapa basado en las descripciones de esos relatos:

Mapa elaborado por Larry K. Hancks en 1970


LA TIERRA ONÍRICA

Mapa realizado en 1967 por Jack Gaughan


El primer relato que trata de la Tierra Onírica aparece en 1919, de la pluma del maestro del horror H.P. Lovecraft, y hubo otros tantos a lo largo de la siguiente década. Pero en donde realmente la Tierra Onírica tiene un lugar central, y en donde se describen a detalle sus características, es en la novela La búsqueda onírica de la Desconocida Kadath, de 1926. Esta novela y los otros relatos forman el Ciclo Onírico, más de fantasía oscura que de horror. Sin embargo, Lovecraft mismo nunca trazó un mapa; ni siquiera se publicaron mapas sobre la Tierra Onírica en vida del autor de Providence.

La Tierra Onírica es una por las que se accede durante las horas de sueño, pero sólo estaá al alcance de algunas personas extraordinarios, como el Rey Kuranes de Celephaïs, que en el mundo de la vigilia era un vagabundo drogadicto; y Randolph Carter, protagonista de las historias centrales del Ciclo Onírico y de  La búsqueda onírica de la Desconocida Kadath.

La Tierra Onírica es un mundo diferente al de la vigilia. En él viven seres humanos en diversas ciudades, ya sea en costas, islas, a la orillas de ríos o en medio de selvas tropicales. Están los Bosques Encantados, onde habitan los zoogs, criaturas inteligentes parecidas a lémures; y la Meseta de Leng, donde viven hombres parecidos a sátiros. No podría dejar de mencionar las ruinas de Sardath, y Ulthar, donde los gatos son sagrados. Caravanas de caballos, camellos, elefantes y hasta cebras (dependiendo de la región) atraviesan tierras admirables llevando mercancías de un lugar a otro.

Otras localidades incluyen la ciudad de Kadath, sobre una montaña y morada de los Grandes Dioses (donde Randolph Carter se entrevista con Nyarlathotep, el Caos Reptante); la Luna, donde habitan las Bestias Lunares, y el Inframundo, donde habitan los abominables pero honorables  Ghouls, entre otros  horrores. Como el mapa de arriba no hace justicia a esta gran obra de la fantasía oscura, agrego este otro, mucho más completo:

Mapa hecho por Jason Thompson en 2012



LA EDAD HIBORIA



Mundo creado por Robert E. Howard en 1932 para situar en él sus historias de Conan el Bárbaro. Según Howard, se trata de nuestra misma Tierra, en una época que siguió al hundimiento de la Atlántida y antes del cataclismo que le dio su forma actual. En esa era prehistórica surgieron reinos y florecieron imperios con grandes ciudades y magníficas civilizaciones; tras el cataclismo, la humanidad regresó a la Edad de Piedra, y desde entonces la evolución social tuvo que volver a recorrer todo el camino desde el principio hasta nuestros días.

Como ven, el Mar Mediterráneo no existe para separar Europa de África, y en cambio el Nilo (aquí llamado río Estigio) se tuerce hacia el oeste hasta alcanzar el océano, mientras que el Mar Caspio se extiende mucho más allá de su tamaño original.

En este mundo de Conan, cada nación corresponde más o menos a una civilización de las eras siguientes. Cimeria es la tierra natal de Conan, un país de sombrías colinas cuyos habitantes sólo conocen la guerra y el pillaje. Aquilonia es el más grandioso imperio de la época y corresponde a Roma. En las Tierras Salvajes viven los Pictos, antecesores del misterioso pueblo del mismo nombre que habitó las islas británicas, pero que en estas historias tienen además rasgos de los indios de Norteamérica.

También está Stygia, tierra de hechiceros que corresponde a Egipto; al sur están los Reinos Negros del África Subsahariana; en el mar, las Islas Baracha, donde viven los piratas y bucaneros en un ambiente que recuerda al del Caribe colonial, y las estepas de Hyrcania, donde feroces jinetes, antepasados de los mongoles, cabalgan demostrando su fuerza.

Además, se encuentran ruinas de civilizaciones antiguas, donde acechan demonios y hechiceros, dioses blasfemos despertados de las profundidades de la Tierra y otras bestias (en una ocasión, Conan combatió contra un simio alado, y en otra tuvo que escapar de algo parecido a un dinosaurio). La Edad Hiboria es, pues, el escenario, o más bien, la colección de escenarios ideal para un aventurero como Conan.


LA TIERRA MEDIA



Escenario de las historias de JRR Tolkien, empezando por El Hobbit en 1937. En ocasiones Tolkien afirmó la Tierra Media es nuestro mundo en una edad anterior a los registros históricos. De ahí el mismo nombre: Midgard era, en la mitología nórdica, el nombre del mundo de los hombres, es decir, Europa, y ese nombre se traduce literalmente como Tierra Media. Ésta sería entonces el equivalente de Europa en la mitología de Tolkien, y por lo tanto un continente.

La Tierra Media es un continente más en el mundo de Arda; se encuentra habitada por humanos mortales, elfos inmortales, enanos y hobbits muy longevos, además de orcos, trasgos, ents y otras criaturas. Los hombres de la Tierra Media son de raza blanca; al este, en Khûn, se encuentran hombres de tipo asiático que viven en llanuras y estepas; en el Harad, tierra de desiertos, viven pueblos equivalentes a los árabes, y más al sur se encuentran las Tierras Oscuras, donde viven hombres de piel negra que crían a los temibles mûmak u olifantes.

La geografía de la Tierra Media ha cambiado a lo largo del tiempo. Al final de la Primera Edad, en que ocurren los sucesos de El Silmarillion, fue destruida la tierra de Beleriand. En la Segunda Edad ocurre la guerra en que Sauron es por derrotado por vez primera y el gran imperio insular de Númenor (una alusión a la Atlántida) se hunde por causa de la rebeldía de sus habitantes humanos contra los Valar (dioses). La Tercera Edad es en la que ocurren los hechos de El Señor de los Anillos y la derrota final de Sauron, y en que la Tierra Media tiene la forma que nosotros mejor conocemos.

NARNIA



Esta tierra fantástica fue creada por el escritor C.S. Lewis en 1950 para su serie de Las Crónicas de Narnia. Se trata de un mundo aparte del nuestro, al cual se puede acceder mediante portales mágicos, los cuales se encuentran en sitios insospechados.

Al mundo se le llama Narnia, pero también a una región específica en ese mundo, habitada por toda clase criaturas fantásticas como enanos, sátiros, centauros y animales parlantes. Al norte se encuentran las Tierras Salvajes, habitadas por dragones y gigantes. En otras partes de ese mundo existen reinos humanos, como Archenland, al sur; aún más al sur, atravesando el Gran Desierto, se encuentran las tierras de Calormen, cuyos habitantes recuerdan a los árabes; y Telmar, habitada por descendientes de piratas que cruzaron por accidente a este mundo fantástico.

Narnia es plana, y navegando hacia el este se llega a un mar que poco a poco se hace menos profundo hasta llegar a donde vive Aslan el León. Ahora bien, Aslan es en realidad Jesucristo, pues C.S. Lewis era un hombre muy devoto e hizo de sus historias una exaltación de los valores cristiano. Su "país" es, por tanto, el mismo Cielo.

TERRAMAR



De la mente de la autora Ursula K. Le Guin, este mundo apareció por vez primera en 1964 y ha sido el escenario de historias narradas a lo largo de seis libros, empezando por el clásico Un mago de Terramar, de 1968.

La idea de Le Guin era sumamente interesante, pues quería romper con la tradición, heredada por Tolkien a sus menos afortunados imitadores, de situar las historias de fantasía en mundos análogos a la Edad Media europea y habitados por personas de raza blanca.

Así, Le Guin crea este mundo, formado por un vasto archipiélago, o más bien un conjunto de  cinco archipiélagos: uno central y otros cuatro en los respectivos puntos cardinales, todos rodeados por un gran Océano inexplorado. Estas islas deben encontrarse en el hemisferio septentrional de su mundo, pues hacia el norte el clima es más frío, mientras que al sur se vuelve más cálido.

Las islas están habitadas por personas de piel cobriza principalmente, aunque los habitantes del sur y del este tienen pieles más oscuras, y los del norte un aspecto más parecido al europeo. Estos pueblos cuentan con tecnología de la Edad de Hierro, y una cultura centrada en el mar y la navegación, aunque en las islas más grandes (Havnor, la mayor tiene más o menos el tamaño de Gran Bretaña), hay poblaciones con estilo de vida terrestre. Además, la magia forma parte preponderante en este mundo insular.


WESTEROS



Llegamos al final con la saga fantástica que está causando sensación. Este mundo es creación de George R.R. Martin y en él se ubican las historias de Canción de Hielo y Fuego, que iniciaron con la popular A Game of Thrones en 1996.

Westeros es el continente (o muy probablemente, la península de un continente mayor) en el que ocurren la mayor parte de las historias de esta saga. En él se encuentran los Siete Reinos, separados del terrible, helado y desconocido Norte por una inmensa Muralla de hielo.

Al este, atravesando el Mar Estrecho, se encuentra el gran continente de Essos, donde alguna vez se asentó el extinto Imperio de Valyria, y en el que en ahora se alzan ciudades-Estado conocidas como las Ciudades Libres. Hacia el interior de Essos se encuentran las llanuras de pastizales conocidas como el Mar Dothraki, habitado por salvajes y fieros jinetes. Más allá se encuentran las misteriosas tierras orientales.

Westeros corresponde a la Edad Media europea, si no geográficamente, sí culturalmente, en cuanto a su tecnología, cultura e instituciones feudales. Esta tierra estuvo alguna vez habitada por los Niños del Bosque, una raza de seres élficos de pequeño tamaño y armas primitivas, que vivían en armonía con la naturaleza y sus Dioses.

Después llegaron los Primeros Hombres, que en principio guerrearon contra los Niños, pero luego pactaron con ellos y coexistieron en paz, incluso adoptando su culto por los Antiguos Dioses, hasta que por último arribaron los Andals, que trajeron la nueva religión de los Siete Dioses, sometieron a todos los reinos de los Primeros Hombres (excepto al Norte) y llevaron a los Niños a su extinción.

Además de seres humanos y animales como los de nuestro mundo, existen dragones, lobos huargos, gigantes y hasta mamuts. Aunque al principio la fauna y los hechos que tienen lugar en esta historia son bastante comunes, conforme avanza la serie, la magia y las criaturas fantásticas ocupan un lugar cada vez más central.


No se puede hacer una muestra exhaustiva de los mundos imaginarios y los mapas que se han hecho para darnos una idea de cómo lucen. Pero he aquí una muestra de lo bellos que pueden ser estos mundo y lo admirables que son las mentes que los concibieron para que nosotros pudiéramos soñar toda clase de aventuras en ellos. Espero haberlos animado a que los visiten en alguno de sus viajes literarios.



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